jueves, septiembre 14, 2006

¿Qué se esconde dentro de tu pecho?

Al fin traspasó la verja, de hierro forjado, negro como el tizón, y se adentró en el recóndito llanto de la muerte, materializado en lápidas de mármol, ángeles de rostro melancólico y panteones diseñados para evitar el sórdido lamento de una tumba solitaria.Sus pies se movieron tan rápido que parecía volar, paseando entre las tumbas, entre árboles que nunca tendrían la suerte de sentir a un niño sobre sus hombros. Corrió. Hizo piruetas con sus pies. Lloró. Gritó. Amó lo imposible. Maldijo la incurable ruptura de su corazón. Y al fin; Se deshizo en lágrimas que nadie, más que los muertos, oirían caer sobre la nieve, recordando un amor, el único amor, que logró acariciar su alma para desgarrarla después.

"Escapar..." - Pensó. - "¿Qué más podría pedir?"- Sus indagaciones abrían las heridas que ocultaba en sus muñecas. - "Podría olvidar. Recordando que ya no poseo un corazón. Podría amar sin amar. Sin volver a ser herida... Sin recordar el azul de sus ojos." - Un par de lágrimas resbalaron por su mejilla mientras Edgar, su gato, surcaba la nieve con saltos molestos hacia su dueña. Una vez apoyado en los muslos de ésta, maulló exigiendo el calor de sus manos.
- No te preocupes, Edgar. - El gato la miró ladeando la cabeza mientras ésta lo acariciaba. - No volverás a ver a ese chico que tan mal te cae. Y no tendrás que volver a esquivar la nieve cuando me persigas hasta aquí. - Lo cogió con dulzura y lo acercó a su nariz. - Nos vamos. Muy lejos. Donde nadie pueda conocernos. ¿Qué te parece?- En ese momento sonó su teléfono móvil.

- ¿No? - El tono de Aracne se volvió jovial y simpático, lo cual contrastaba con sus ojos enrojecidos por su llanto.- Aracne... - Distinguió en seguida la voz de su madre.- Llamaba para preguntar por Kate. ¿La has visto? Como sabrás; Llegó este mediodía a casa de tu tío, dijo que daría una vuelta y desapareció. Y es tarde. ¿Tienes tú algo que ver?- Sí. Lo siento, está aquí conmigo, no he podido evitar traerla a tomar algo, estaba sedienta. En seguida la llevo a casa. ¿Vale?
Su madre emitió un suspiro tranquilizador y prosiguió- Tú. Tú. Tú y siempre Tú. Escapándote de casa y juntándote con esos... esos. Y poniendo esa música a todo volumen. Estás castigada.
- Qué remedio. - Dijo con una sonrisa pícara. - Si es por la música...
Su madre ya había colgado. Aracne cerró la tapa del móvil, miró a Edgar y sonrió con dulzura.
- Nos toca recoger a la niña perdida. - Se levantó sin dejar de sonreír y se sacudió la nieve de su largo abrigo negro.

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Kate bajaba por la colina de aquél risco cuando divisó la figura de Aracne apoyada en una de las rocas, que dio un saltito y se incorporó delante de ella.
- Sabía que estarías aquí. Como siempre, evadiéndote de la realidad en lugares altos. ¡Sabes que tengo vértigo! - Dijo con una dulce sonrisa. La miró con añoranza y cariño y la abrazó.

2 Comments:

Blogger El Peregryno said...

Es usted la misma lullaby y tmb aracne?estoy intrigado pues tiene usted tantas paginas...por cierto el relato parece inspirado en hechos reales,en situaciones vividas por ustedes.Las despedidas siempre presentes en nuestras vidas, mejor aprender de ellas y no guardar el rencor que luego nos pesa el corazón.
Besos

mar. mar. 06, 11:15:00 a. m. 2007  
Blogger 0nironauta said...

Vaya, así que vengo persiguiendo a Aracne desde su perfil y veo que Peregryno ya se me ha adelantado. Y con casi una semana de diferencia.

Estoy perdiendo blogocidad.

Un saludo a Maese Peregryno y, por supuesto, a la Señorita Aracne.

Por cierto, abrigo negro sobre fondo blanco siempre es impactante en cualquier retina que busca algo fuera de lo corriente.

mié. jun. 13, 06:20:00 a. m. 2007  

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